Con una activa temporada de huracanes en el horizonte, la necesidad de una previsión fiable de huracanes está en el primer plano de nuestras mentes. Se espera que el aumento de la temperatura de la superficie del mar, el debilitamiento de la cizalladura vertical del viento y el aumento del monzón de África Occidental contribuyan al desarrollo de ciclones tropicales en el Atlántico. Para predecir estas tormentas en desarrollo, los meteorólogos emplean modelos que se basan en observaciones actuales y cálculos matemáticos para predecir el comportamiento y la trayectoria de una tormenta. Estos modelos son complejos y utilizan datos procedentes de diversas fuentes, como datos históricos, numéricos, oceánicos y atmosféricos, para generar sus predicciones.